Petición popular para la concesión

de un espacio público para

FELIX SCHLAYER

en Torrelodones

Felix Edouard Schlayer Gratwolh, murió en Torrelodones el 25 de noviembre de 1950. Nació en la ciudad alemana de Rutlinga en 1873 y se instaló en Torrelodones en 1912, donde construye Villa Rosita primero y Villa Constanza y Villa Clotilde después.

 

Cuando llegó a España se dedicó al comercio, siendo socio de la casa Ahles y CIA, encargada de la importación de maquinaria agrícola que después se convertiría en Schlayer Heliaks, S. A., donde vendería las trilladoras que él mismo inventaba. Pese a su nacionalidad alemana, el 30 de agosto de 1910, el Reino de Noruega solicitó para él el exequatur como cónsul honorario al rey Alfonso XIII, cargo que desempeñó en una primera etapa hasta el 31 de mayo de 1920.

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Felix Schlayer

Decidido impulsor de las relaciones culturales hispano-germanas, fue socio fundador del Colegio Alemán de Madrid, siendo presidente de su asociación rectora desde 1908 hasta 1932. Gracias a su mecenazgo se publicaron más de veinte conferencias de científicos e intelectuales alemanes en el Centro de Intercambio Intelectual Germano-español. Schlayer formó parte también del Grupo Alemán de la Unión Intelectual Española.

Apasionado del arte, poseía una magnífica colección de pintura española, con obras atribuidas a El Greco, Bartolomé Murillo o Francisco de Goya entre otros. Fue, asimismo, socio del Ateneo de Madrid y de la Sociedad Española de Amigos del Arte.

Contrajo matrimonio con Rosa Albagés Gallego, que dio nombre a su villa de la calle Manuel Pardo. Con Rosita tuvo dos hijos, los mellizos Carlos y Clotilde.

 

"Villa Rosita está situada frente a la estación del tren, con una extensión de dos hectáreas, está rodeada de arbolado de gran porte y tenía un bello jardín neoclásico cuyos vestigios aún pueden observarse en fotografías aéreas de la zona.

 

En su casa de Torrelodones se celebraban conciertos de música clásica a los que asistían, según un diario de la época, “muchas y distinguidas personas de nuestra sociedad y de la colonia alemana residente en Madrid.” También cedía sus jardines para celebraciones populares como los bailes del 14 de abril en conmemoración de la República a los que estaban invitados todos los vecinos del municipio.

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Cartel Fiestas de la República. 1937. Archivo Municipal de Torrelodones

En 1935 fue nombrado nuevamente cónsul de Noruega en España y agregado comercial de dicha Legación, situada en el número 27 de la calle José Abascal.

Al estallar la Guerra Civil, la mayoría de los representantes del Cuerpo Diplomático se encontraba de vacaciones y muchos ya no regresaron. En el caso de la representación noruega, el embajador y el primer secretario estaban ausentes dejando a Schlayer al frente de la misma.

 

En el ejercicio de esta función se dedicó con empeño a proteger a hombres, mujeres y niños perseguidos o amenazados, aplicando para ello una inteligente interpretación del derecho de asilo y de la extraterritorialidad de los edificios diplomáticos, llegando a amparar a más de novecientos españoles en los distintos pisos y casas que adquirió para ampliar la protección diplomática noruega.

Algunas de aquellas familias que salvaron la vida por su heroica actuación son actualmente vecinos de Torrelodones, como es el caso de los García Ormaechea.

Durante los primeros meses de la guerra se dedicó a visitar cárceles, ofreciéndose como garante de la seguridad de los presos durante los traslados y consiguiéndoles colchones y alimentos de los que, debido al hacinamiento, estaban escasos. También logró la salida de prisioneros y aseguró la vida de numerosas presas de la Cárcel de Mujeres de Madrid. Trabajó incansablemente para conseguir el intercambio de prisioneros de ambos bandos. Descubrió y dio a conocer al mundo las horribles matanzas de presos gubernativos en Paracuellos, Aravaca y Torrejón de Ardoz, siendo decisiva su denuncia de lo que estaba ocurriendo para que el dirigente anarquista Melchor Rodríguez, delegado de Prisiones, ordenara detenerlas.

En la publicación de sus memorias de la guerra quedaron reflejadas algunas de las escenas cotidianas que vivió desde su casa, de Torrelodones y de sus viajes diarios desde nuestro pueblo hasta Madrid.

En septiembre de 1936 su labor en pro de los refugiados y encarcelados le impide el desplazamiento diario desde su domicilio hasta Madrid, encargando al alcalde de Torrelodones, Mariano Cuadrado, la custodia de sus propiedades que acogerían durante su ausencia a los refugiados de la zona.

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Villa Rosita en la actualidad

Fue nombrado caballero de la Orden de Isabel la Católica, doctor honoris causa por la Universidad de Tübingen y por su actuación humanitaria durante la Guerra Civil le fueron concedidas la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco, la Medalla de Oro de la Cruz Roja Española, la Cruz de 1.ª Clase con distintivo negro y blanco de la Orden Civil de Beneficencia y finalmente la Gran Cruz de Beneficencia. El Gobierno de Noruega le otorgó la Cruz de San Olaf.

Schlayer no era un diplomático profesional, era ya casi un anciano y la protección de ciudadanos españoles no formaba parte de su responsabilidad, ni siquiera podía respaldar su actuación en un derecho de asilo reglado, pero como dijo W. Duesberg, corresponsal de La Croix que le entrevistó en 1938, “es un hombre que, por temperamento, se involucra en todo aunque no le corresponda, lo que es no solo prueba de una gran vitalidad, sino también a menudo la condición del éxito.”

Su coraje y determinación sirvieron de ejemplo a otros diplomáticos durante nuestra confrontación fratricida y en la posterior Guerra Mundial. Así, Ángel Sanz Briz, el llamado “Ángel de Budapest”, que salvó a miles de judíos, tiene merecidamente calles que le recuerdan en distintas ciudades de España. También se le ha comparado con el alemán Oskar Schindler por su trabajo en favor de los perseguidos.

 

Las acciones de Schlayer no son menores a las de estos héroes de la humanidad, pero Torrelodones, pese a los muchos honores que ha recibido por su labor humanitaria, aún no ha tributado reconocimiento alguno a la altura de su categoría humana y a su vinculación con nuestro municipio. 

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Por todo ello proponemos que la Glorieta de entrada a Torrelodones desde la vía de servicio situada junto al Túnel bajo la A-6, actualmente sin nombre, pase a denominarse a partir de ahora Glorieta Félix Schlayer.

Su bonhomía, su altruismo y su heroica defensa de los principios y valores humanitarios de respeto a la vida y la dignidad humanas que hoy compartimos los demócratas de cualquier signo, fueron su guía de actuación en una época en la que nadie parecía creer ya en esos principios y valores. Félix Schlayer debe servir de modelo y fuente de inspiración para las generaciones futuras y especialmente para los que tenemos el privilegio de vivir en el mismo pueblo en el que él residió durante una gran parte de su vida.

El 26 de noviembre de 1950, Schlayer fue enterrado en el cementerio civil de Madrid y, por deseo expreso, no se celebraron exequias públicas. Días después el diario ABC publicó su necrológica, firmada por el conde de Casal. Serán sus palabras, hoy nuevamente de triste actualidad tras la crisis humanitaria provocada por la invasión de Ucrania, las que cierren esta breve semblanza de sus méritos para que el pueblo en el pasó sus últimos años, y con el que siempre se mostró generoso, apruebe la concesión de un espacio que le recuerde para siempre:

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La inconsciencia más que la ingratitud va olvidando al pasar de los años lo que entonces parecía imborrable, pero en la memoria de los madrileños que sobreviven se mantendrá vivo el recuerdo de aquella figura señera de los días trágicos, que, diplomático de ocasión, ocupó lugar preeminente entre los representantes de las naciones de España; porque si el derecho de asilo alcanzó en aquella época inusitadas proporciones, pocos lo ejercieron, aun siendo muchos los Consulados y Legaciones que lo practicaron, con el tesón, habilidad y heroica valentía de D. Félix Schlayer, que no solamente amplió el hogar oficial del suyo, en una casa de siete pisos, al abrigo de la bandera de la nación norteña, sino que salía de él, con exposición de su vida, para discutir acaloradamente con las autoridades del Frente Popular y representantes del marxismo internacional, y para conducir por sí mismo hasta aquel oasis de paz creación suya a la que en sus domicilios y cárceles estaban en eminente peligro de muerte.